Poco después de cumplir un sueño y terminar la maratón de Nueva York afronto la San Silvestre Vallecana. Y esta vez es muy especial, porque la corro junto a mis hijos Andrea, Álex y mi hija adoptiva María. La ilusión es máxima y el objetivo, doble: recorrer Madrid junto a ellos y enseñarles la ciudad desde un punto de vista diferente.

Les explico que tienen que disfrutar de la carrera paso a paso, contemplando la ciudad por la que van a correr y descubriendo nuevos rincones que, seguro, hasta entonces ni siquiera habían reparado en ellos, tal y como yo mismo hice en Nueva York unas semanas antes. Para ellos es la primera vez que afrontan una distancia de diez kilómetros y están algo nerviosos. Pero les digo que disfruten y que la ilusión por terminarla será lo que les lleve a la meta. Realmente creo que para finalizar una carrera popular, el 70% es ilusión y el 30% entrenamiento. Y a ellos les sobra ilusión.

La San Silvestre es una carrera muy bien organizada. En la salida, situada en la plaza de los Sagrados Corazones, junto al estadio Santiago Bernabéu, nos agolpamos una gran multitud pero sin agobios. Llueve. Salimos. Recorrer Madrid con Andrea, María y Álex va a ser espectacular.

Comenzamos suave. La cuesta hasta la calle Serrano es imponente y hay que tomárselo con calma. Me giro un momento y contemplo el estadio Santigao Bernabeu y la masa de corredores subiendo, una imagen que impacta. Al fondo, la Torre Europa, diseñada por el arquitecto Miguel de Oriol e Ybarra y cuya fachada siempre me ha recordado al antiguo World Trade Center, dibuja una preciosa estampa de Madrid. Creo que Madrid y Nueva York tienen mucho en común. Para mí, son dos ciudades con alma y realmente eso me encanta. Ambas tienen una arquitectura diversa y espectacular y son ciudades fantásticas.

Corremos por la calle Serrano en dirección a la Puerta de Alcalá. Es un momento para disfrutar del recorrido. Avanzamos y pasamos por delante de la Casa del Marqués de Villora, a la altura del 130, en la zona de El Viso. Es una casa magnífica, obra del arquitecto Rafael Bergamín y uno de los primeros ejemplos de la arquitectura racionalista en España. Se lo comento a Andrea, María y Álex, que contemplan la fachada limpia y sin adornos de la casa mientras ajustan zancada y respiración. Van bien.

Primeras viviendas del Barrio de Salamanca

Al llegar a la zona del Museo Arqueológico la arquitectura ha cambiado radicalmente. No en vano, estamos ya en el epicentro del Barrio de Salamanca, donde todavía se conservan las viviendas características del arquitecto Lecumberri dotadas de amplios portales para carruajes, patios interiores y alturas máximas de cuatro plantas. Las primeras viviendas que se construyeron en esta zona, a mediados del siglo XIX, iban desde la calle Villanueva hasta Goya y suponen el corazón del barrio. Seguimos a buen ritmo, ajustando el esfuerzo que todavía queda mucho y disfrutando de la carrera y de la ciudad. Hay mucha gente y mucha animación pese a la lluvia y estamos felices por correr en nuestro Madrid. Está siendo una jornada apasionante.

Llegamos a la Puerta de Alcalá y después giramos para encarar la fuente de la diosa Cibeles. Sin duda, dos de los monumentos más conocidos y fotografiados de Madrid. Pasar junto a ellos corriendo es una sensación nueva que permite apreciar de un modo diferente ambas construcciones y todo lo que las rodea. Es el Madrid de Carlos III y el Neoclasicismo lo domina todo, capitaneado por el imponente edificio del Museo del Prado.

Seguimos por el paseo del Prado hasta Atocha, en un tramo donde el público se agolpa y nos aplaude. Nosotros vamos bien, riendo y entre bromas, disfrutando cada vez más de la carrera y de la ciudad. Los madrileños y turistas, numerosísimos en esta zona de Madrid, nos saludan, animan, fotografían… la San Silvestre está siendo espectacular. La ciudad está preciosa y el calor de la gente la hace aún más bonita. Este es mi Madrid y lo estoy disfrutando como nunca.

Nueva York y Madrid

Al llegar a la Estación de Atocha, y antes de adentrarnos en la Avenida Ciudad de Barcelona, la mirada se me va hacia el monumento al 11M y de nuevo se me unen en la mente Nueva York y Madrid. Miro a mis hijos y me emociono corriendo a su lado. Los veo cansados y sé que el final va a ser muy duro, pero ahora que escribo sobre la carrera recuerdo justo ese momento como el más emotivo. Queda lo peor, pero lo vamos a superar.

Bajamos por la Avenida de Barcelona y subimos por la Avenida de la Albufera entre una enorme cantidad de público. Los gestos de ánimo son constantes y la energía que transmiten es, sencillamente, inexplicable. Correr así, en compañía de los míos, en mi ciudad, sintiendo el calor de los madrileños a cada zancada, es un placer indescriptible.

Estamos ya en Vallecas, y se nota la fuerza del barrio. De nuevo el recuerdo de Nueva York y de sus barrios. Empiezo a establecer cada vez más paralelismos entre ambas ciudades, organizadas en torno a barrios para ser vividos. Son los habitantes los que conforman las ciudades y tanto en Nueva York como en Madrid la arquitectura se pliega a las necesidades de los vecinos. Arquitectura doméstica de pequeños espacios de reunión. El barrio como esencia de la metrópoli.

Vallecas desprende una energía vital que hace que el cansancio se desvanezca. Miro a Andrea, a María, a Álex… los veo agotados y con síntomas de sufrimiento, pero van a conseguirlo. Les arropo, porque ya no queda nada. El público aplaude sin cesar y supone una verdadera explosión de ánimo. Sacan fuerzas de donde ya no hay y seguimos adelante. Con lágrimas en los ojos cruzamos la meta y nos fundimos en un abrazo. La ciudad, la familia, la carrera… todo se junta en ese abrazo. Gracias por correr conmigo, chicos. Os quiero.